Al
analizar la estructura económica de cualquier país encontramos la presencia de
empresas de diferentes tamaños. Asimismo cuando analizamos sectores
determinados en los distintos países, encontramos el mismo fenómeno, es decir
que de ello podemos deducir que el tamaño de una empresa no está relacionado
con un determinado sector o actividad, no existe una actividad donde
inevitablemente las empresas deben tener un tamaño dado para funcionar, tampoco
existen países o economías que exijan un determinado nivel de actividad para
que se conforme una empresa.
Es
donde encontramos a las PYMES (pequeñas y medianas empresas) las cuales deben
cumplir un importante papel en el desarrollo de la economía del país. Precisamente
de esto se trata el impacto que tienen las pequeñas empresas en el desarrollo
económico a través de distintas funciones como son la generación de nuevos
empleos y el aumento en el nivel de ingresos de las economías familiares.
Aunque
estas empresas iniciaron como una opción al desempleo, surgieron sin planeación
y sin financiamiento. “La micro empresa ha logrado ser la opción para muchos
individuos que después de perder su empleo, se enfrentan a la necesidad de
mantener a su familia; en este grupo de empresarios no hay clases sociales, ya
que podemos encontrar desde directivos desempleados de grandes empresas hasta
ayudantes de algún técnico” (Ricardo Bolaños, revista el economista).
Las
pequeña empresas se desenvuelven económicamente en relación al número, tamaño,
facilidad de multiplicarse, crecimiento y disolución que muestran por cada
línea industrial; así como el papel que desempeña en la introducción de nuevos
productos, modernización industrial, nivel de interrelación gremial versus las
variables macroeconómicas, en este caso con especial interés, la producción y
el empleo.
Siendo
la pequeña empresa la etapa previa para convertirse en una mediana empresa.
Esto conlleva un incremento de los ingresos de la empresa, mejores salarios
para los trabajadores y una mejor calidad de vida para las familias, lo que
finalmente se traduce en desarrollo económico para la región donde está
ubicada. Es decir, las pequeñas empresas que se transforman en medianas son en
realidad detonantes de la actividad económica. Entre más y mejores empresas
existan en un país, mejor será la calidad de vida de sus habitantes.
Estas
pequeñas y medianas empresas han tomado gran importancia en el desarrollo
productivo de los diferentes países, ya que son unas fuentes generadoras de
empleos y un punto medular en el desarrollo económico. A través de diferentes
mecanismos de apoyo y colaboración, los gobiernos han establecido acciones
concretas para impulsar el desarrollo de este sector productivo.
No
obstante Suárez (2001) describe las limitaciones, el papel de las Pymes en la
economía del país ha sido un factor que ha generado incrementos en la
producción; valor agregado; aportaciones fiscales; fortalecimiento del mercado
interno; aumento de exportaciones, etc, por lo que han sido motivo de diseño de
políticas encaminadas a promoverlas y apoyarlas para elevar su competitividad y
enfrentar la competencia de un mundo globalizado, sin olvidar el mundo de los
emprendedores, donde las empresas líderes son aquellas que adoptan modelos de
subcontratación y alianzas estratégicas con Pymes, que gracias a su capacidad
de adaptación y flexibilidad crecen en un mundo en constante cambio,
demostrando además que cuando se organizan pueden superar las aparentes limitaciones
de su tamaño.
Actualmente,
los países desarrollados reconocen la importancia de las PyMEs ya que han
demostrado ser más resistentes a las crisis por su mayor flexibilidad para adaptarse a las cambiantes condiciones de
mercado. Por otra parte, cuando se encuentran insertas en cadenas productivas
con grandes y medianas empresas, participan activamente en el incremento de la
eficiencia productiva de toda la cadena, lo que se expresa en el aumento de
ventas en mercados internos y externos.
Los
gobiernos de los países desarrollados otorgan un lugar preferencial a las
empresas de menor tamaño en sus políticas económicas, creando y desarrollando
instituciones destinadas a canalizar las acciones y fondos hacia ellas, y, a su
vez, están fuertemente afectadas por externalidades locales y los entornos
nacionales.
La pequeña y mediana empresa en Venezuela
se a convertido en el motor de impulso para el desarrollo económico productivo del
país, aplicando modelos alternativos de producción generando enormes
compromisos de competitividad, éxito y productividad para estas empresa en
particular, todo esto si se considera que este sector resulta ser el mayor
generador de empleo ocupando el 67% de la fuente laboral, tal como lo estima la
Confederación Venezolana de Industriales, convirtiéndose en el de más alto
impacto para el bienestar social de la Nación.
Por lo
tanto las Pymes deben reinventar su modelo de negocio con base a una fuerza
productiva que les permita afrontar los desafío del futuro, buscando mejorar la
calidad de vida, ser participes en los mercados internos y externos de forma
competitiva, para mejorar los ingresos de todas las empresas y trabajadores
participantes, a través de mecanismos de convergencia compensada integrando
cadenas productivas, con todo tipo de empresas como con diversas instituciones
de gobierno.
Deben
superar limitaciones internas referidas a su carácter familiar, su estructura
financiera y su resistencia a fusiones y asociaciones, que en muchos casos
impiden el acceso a un nivel de accesibilidad óptima.

